
Elizabeth sonríe bajo sus espejos redondos. El profesor no ha dejado de observarla. Las clases en la nocturna son relajadas, nadie se esfuerza demasiado, nadie sobreexige, nadie hace preguntas extrañas. Nadie da problemas. Salvo Matt. Frío, seco, duro. Con las palabras exactas en su boca. Intimidante y lejano. "El hombre de piedra", le llaman en los pasillos. Serio y reservado, Matt ha reemplazado perfectamente a un viejo compañero. Es extraño, casi nadie lo recuerda, casi nadie lo nombra. Jamás ha tenido un altercado con nadie, tampoco tiene un minuto extra para nadie. Puntual y elegante no falla en nunca... y despliega ante ellos los conocimientos adquiridos en sus innumerables viajes. Es convincente Matt, hipnóticamente convincente. Ellos se deslumbran ante sus palabras y se quedan quietos, embobados. Los hace soñar con sus palabras, los transporta a mundos inimaginables, conmueve sus conciencias, enciende sus corazones. Se transforma cuando les habla.
Elizabeth vuelve a sonreír, levanta coqueta su pierna y su muslo terso, firme, queda al descubierto, dejando entrever algo más. Matt no pierde un detalle.
- La vida eterna tiene su garantías. Es posible que aquellos que alcanzan la vida eterna tengan la posibilidad de aumentar sus conocimientos, su sensibilidad o sus habilidades. Después de todo tendrán tiempo de sobra para invertirlo en los intereses que estimen convenientes. La vida eterna por lo demás es un tópico presente en casi todas las grandes religiones. Es de algún modo la manifestación ancestral del ansia de los humanos por mantenerse en el tiempo. Algo que parece estar escrito con tinta indeleble en nuestros corazones. Las pirámides, los libros, los hijos son formas que de algún modo desean o pretenden perpetuarnos... y hacernos presentes más allá del tiempo.
En realidad ella no lo escucha. Sólo es él. Él. Él. Él. Nada más que él. A la salida de clases lo espera. Sabe perfectamente que él la ignorará, como hace con todos. Sin embargo se queda sentada, observándolo. Él guarda sus cosas con lentitud. Ella sonríe nerviosa, quisiera pensar que él espera a ver como reaccionará ella. Cómo si deseara escucharla, como si necesitara solo un gesto suyo. Cierra su bolso y con su indiferencia habitual camina hacia la puerta. Ella suspira. Sabe que él la ignorará. No le importa. Debe intentarlo. Se levanta lentamente y sale tras él. Su sorpresa es mayúscula cuando descubre que no hay nadie afuera. Entre la sala y la salida hay más de cien metros de patio. Y no hay nadie. Duda un momento. ¿Se habrá escondido?. Camina confundida hacia la calle. Hace frío. Una niebla densa la rodea. Elizabeth le ha dado pistas de su interés desde que llegó. Pero él, aunque no le pierde de vista no se ha dado por aludido. Casi como si conscientemente la evitara.
Esa noche vuelve a soñar. Escucha una voz que le susurra. Elizabeth, experimenta sensaciones desconocidas arrastrada por esa voz. Siente un leve pinchazo en su cuello y se estremece. Oye la respiración. Y nuevamente contempla esos ojos cristalizados. Oscuros. Siniestros. Profundos. Fríos.Sonríe. Sabe que es él.
- Ven aquí pequeña. Hoy hablaremos de la vida eterna...
Ella se incorpora. Lo ha estado esperando, su piel blanca y húmeda le trastorna, acaricia su pecho y le besa. Se acurruca junto a él, tranquila, dócil, obediente. Es su voz. Sabe que es él. Por fin ella le ofrece su cuello:
- Bebe aprisa amor...
La bestia sacia su apetito, mientras bebe frenética. Desgarra sin piel joven. Extrayendo de ella el vital líquido. Es feliz en su bestialidad. Ella enloquece. Matt se detiene y susurra:
- Ahora bebe tú querida, y los dos conoceremos la dicha perfecta...
Horas más tarde, su madre insomne, descubre el cuerpo semidesnudo y desgarrado en la cama. Los médicos hablan de una extraña enfermedad. Un virus seguramente. Por supuesto nadie piensa en vampiros. Nadie cree en cuentos de viejas. Matt sonríe mientras los observa desde lejos.
- Descansa en paz pequeña Elizabeth, mañana será otro día. Una sonrisa siniestra surca sus rostro. Y dientes afilados se asoman teñidos de rojo.
Al día siguiente en su ataúd, Elizabeth sonriente abre los ojos.
*
Sabes? Tus comentarios me los paso por el trasero, tan poca vida tienes que todos los días te metes a mi blog, dejando algún comentario? Porfavor! Patético, Kath es la afectada y está ni ahi con meterse aca y tu quien eres? El problema no es tuyo :) Bienvenidos son tus comentarios pero si eres tan hombrecito, da la cara kaoru_n_grey@hotmail.com ahi tienes mi correo y dices todo lo que quieras, aunque no me interesa. Estudia algo, anda a tomar aire, compra amigos y vida porque bien patética debe ser :) Ahí te ves.
Escrito por Mel Synyster en 19:48
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4 Pseudo Opiniones:
;_;
Mi qre vida etershna TT^TT
xD
tq mami (:
@-@ me enrede
cambio de tema muy rapido
XD
mmm
esta buena la historia
^^
iap
eso
adios
-Aeradon-
uuuh
kien kisiera poder ser bendecido por la vida eterna...
la oscurda vida eterna...
muy buen escrito...
muy buen
mis respetos x)
saludos!
me han preguntado varios eso xDDD
pero claro =) alude al inquisidor y a la oposicion x)
Humandkind Rulz!
XDDDDDD!!
pero ...1942 mas rulz!!!! ahi aparecio el inquisidor
antes de la guerra x)....matando gente con su guadaña *¬*
(gente mala obviamente ò.o )
si kieres me agregas x)...
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