
Letelier dio una mirada al cuerpo inerte.
- Mmm, fue un vampiro. No hay duda. Es el sexto esta semana. El mismo modus operandi. Hombres solitarios, callejones oscuros. Sonrisa en el rostro. Mmm... perfume cítrico. Una sombra se movió a sus espaldas.
- En realidad ya van 20. Y verdaderamente nos preocupa.
- ¡20, y no había dicho nada!...
- No quisimos crear el pánico. Tres de ellos son monjes, un sacerdote capuchino, un teólogo, un obispo y el resto son franciscanos que mendigaban.
- ¡Monseñor Portmann! El Obispo sonriente...y ahora mi viejo amigo Noumenon. ¡Es inconcebible!.
Sus ojos brillaban. Letelier estaba cerca de explotar por su risa macabra. Sus manos temblaban de entusiasmo, tomando en ellas su vieja daga. Era un arma preciosa: había sido hecha por su Padre, un humilde, pero hábil forjador. Era una daga de plata. En la empuñadura estaba escrito el Tetragramatón y en su centro un triángulo en alusión a la Trinidad. Nueve ángeles en miniatura, uno por cada coro, bordeaban su hoja. Usualmente la ceñía a su cintura, pero en ocasiones especiales la escondía en su estola. Jamás la abandonaba. En sus manos, parecía cobrar vida. Entre los demonios era por sí misma una Leyenda. Su naturaleza maldita, había sido doblemente coronada por la maldicion que su amigo Noumenon había hecho. Cuando ambos eran aún seminaristas, habían jurado exterminar la demoníaca raza. Era una obra de arte: combinación perfecta entre tecnología y belleza.
- Guarda su daga ... que no es necesario que la uses en este momento... Letelier se dio la media vuelta.. Se internó, poco a poco en el viejo bosque de robles.
Poco a poco, la claridad volvió a su cabeza, los pensamientos, razonables comenzaron a tomar forma. La ira, fue aplacándose, orientándose. Las soluciones comenzaron a dibujarse lentamente. Jibriel se agitó. Sintió un escalofrío en su piel muerta. Miró a Letelier que caminaba plácidamente por entre los árboles y tembló. Su pecho comenzó a subir y bajar. Un sudor frío le inundó. Recorrió su cuerpo con los ojos, escrutando con indisimulado interés cada uno de sus movimientos. Nuevamente tembló. Una extraña sensación se apoderó de ella. ¿Atracción?... Jibriel sabía que aquello no estaba bien. Aquello no podía ser. Pero no podía evitarlo. La noche estaba comenzando y Jibriel se agitaba cada vez más. Se sentía intranquila. Quiso atacarlo, necesitaba atacarlo. Pero no podía. Se quedó simplemente en silencio. Mirando. Contemplando con pavor que no podía atacarlo. Se quedó quieta. Mientras tanto él se acercaba cada vez más. Letelier levantó los ojos y la vio. Su perfume le invadió aún antes de verla. Se estremeció. Tal vez recordó cosas que no debía haber recordado. Quizás fue que el dolor eclipsó sus pensamientos. Letelier comprendió que estaba frente a una vampira... sin embargo no sacó su Daga. Jibriel comprendió tarde que estaba frente a cazador. Ninguno supo que hacer. Y se quedaron largo rato mirándose en silencio. Ambos se estudiaron calmadamente. Se miraron como viejos lobos. Estudiaron sus puntos débiles. Pensaron en diez formas de reducir por completo a su oponente. Luego de un largo y meditado silencio, Jibriel rompió la paz. No soportaba la inquietud en su pecho.
- Hay al menos tres maneras de atacarte sin que te des cuenta.
- Y cada una exige a su vez tres respuestas.
Jibriel se lanzó hacia su presa. Este le esquivó con rapidez sorprendente, atacándole por la espalda. Jibriel pudo sentir las manos del cazador quien con frialdad y exactitud le dio un certero golpe que le inmovilizó por unos segundos.
Por unos instantes perdió el conocimiento. Pero rápidamente volvió en sí. Abrió sus enormes ojos y le miró, sintió su respiración agitada, penetró en su mirada cansada y descubrió al hombre detrás del cazador, al hombre detrás del ser frio.
Casi instintivamente Letelier sonrió. Estaba ante una mujer hermosa. Felina. Sensual. Soberbia. La plenitud de una vida consagrada a la lucha. Su voz enceguecía a ratos sus sentidos. ¿Qué sucedía?.
- Sabes que en esos segundos preciosos podría acabar contigo, fácilmente, criatura... dime, porqué lo haces. Porqué estás acabando con ellos.
Jibriel dio un respiro profundo. Era hábil. Tal vez uno de los más hábiles que había conocido. Lenta, felina, encantadoramente, se acercó a él. Olió el aire que se éste desprendía. Mmm, santidad, pobreza, castidad, obediencia. Si. Quería poseerlo. Quería sentir su sangre caliente en sus venas. Quería iniciarlo en su vida inmortal. Quería llevarlo a ser la máxima plenitud de un inmortal.
- ¿Quién eres?. No eres como los otros.
Jibriel alzó su mano delicada y firmemente. Tocó su rostro. Y deslizó su dedos con una ternura que le era desconocida. Letelier sintió como ardía su rostro. Sintió las suaves oleadas de una atracción poderosa. Entonces pensó en quien era y qué estaba sucediendo. Letelier dio un salto y se situó detrás de ella. Jibriel trató de moverse, mientras él dobló su brazo. Con sus uñas, rasgó su hábito. Letelier rodeó su cintura y la inmovilizó. Acercó sus labios a su oreja y musitó lentamente.
- Soy Letelier. Recuerda mi nombre cuando saludes a tu amo. Jibriel cerró los ojos y se estremeció. El golpe fue seco. Ella nisiquiera lo vio moverse. Cuando despertó estaba atada. Por el movimiento de pájaros intuyó que se acercaba el amanecer. Moriría sin remedio. Allí en frente suyo estaba él.
- Me mareaste con tus palabras...creí que...
- Te equivocaste conmigo.
- Sin embargo... puedo sentir tu corazón, lo podría hacer aún estuviese bajo la tierra. Palpita aceleradamente. ¿Miedo?. Lo dudo, eres fuerte. ¿Ansiedad?. Es posible. ¿Qué es, Letelier, gran cazador?. ¿qué sucede contigo?... Letelier palideció. Lo podía sentir también, sentía la dicha en sus venas,la alegría de estar ante un oponente digno. Ante un igual. ¿qué sucedía en su corazón de hombre?. Nisiquiera podía pronunciarlo. Lentamente comenzó a soltar sus amarras.
- Porqué lo haces. Porqué me sueltas. Letelier, dudó unos segundos antes de contestar.
- Mereces tu libertad. Huye mujer. Huye a los montes. Huye donde no pueda verte. No habrá una segunda oportunidad. Jibriel no volvió el rostro. Corrió desesperadamente. Sabía que él estaría de pie. Inmutable. Sin mover uno de sus músculos. No volvió la cabeza. No podía. Corrió. Se alejó de allí. Su corazón estaba destrozado. Nunca antes había sentido el dolor inmenso que le acarreaba ser una inmortal. Ese día Jibriel comprendió lo solitaria que había sido su existencia. Letelier, comprendió en parte que había sido vencido. Que estaba frente a algo más poderoso que él mismo. Sin embargo no dijo una palabra, pero una lágrima cayó sobre su rostro. Allí se secó. Letelier aún en contra de su voluntad, estaba enamorado. Sin embargo, eran enemigos. Y lo sabían.
Escrito por Mel Synyster en 22:59
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3 Pseudo Opiniones:
Jajaja veo que te has animado escribiendo!!y yo leyendo lol xD bueno asi completaras tu historia mas rapido, me gusta harto tu mnera de escribir :)
Cuidate monga, te quiero :*
Adew!
simplemente lo amé
si, tu amigo tiene razón.. a mi también me teletransporta por unos momentos a la historia u.u
te quiero! :*
ñaww me dejaste con ganas,(claro despues de hace un rato dan ganas de leer algo mas de accion... SEXOOO!...ejem lo siento) pongale color nomas que esto no se lo van cerrar por pornosa, y lo tendras q hacer xq me di la paja de postiarte, jaoajoa.... kien diria q despues de tanto tiempo habria un reencuentro
:D
que estes muy bien cossa
shauu!
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